El espejismo de la homogeneidad
03-07-2006 22:34:14

Me ha llegado al mail un texto de Arriaz, amigo de un amigo... os lo dejo aquí.
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LAS MEDIDAS ANTIIMIGRACIÓN DE EVO MORALES
“EVO MORALES.- Parte de nuestro proyecto de refundación de Bolivia es crear las condiciones para que los compatriotas que migraron puedan retornar a su país. Quienes se fueron lo hicieron porque parecía que no cabían en este país destruido por el neoliberalismo, que generó un masivo exilio económico y social; queremos que se incorporen a este proyecto de construcción de una nueva Bolivia que pueda contener a todos sus habitantes. Aspiramos a que, con el Plan Nacional de Desarrollo que estamos elaborando, que incluye la mecanización del agro y el apoyo a las comunidades, nuestros hermanos encuentren en Bolivia lo que buscaban y no encontraron en el extranjero. La Bolivia olvidada por el colonialismo y el neoliberalismo, los microempresarios, los comunarios, los artesanos, serán la prioridad del nuevo modelo económico que estamos implementando. Pero es un proceso, no se reconstruye un país de la noche a la mañana. Hay que cambiar las políticas económicas y recuperar e industrializar nuestros recursos naturales. Para mí los recursos naturales siguen siendo la esperanza para el pueblo boliviano.”
Solución de la que gobiernos, como los europeos, y demás grupos de poder, no quieren ni oír hablar.
Los primeros, los gobiernos, por la sencilla razón de que, como defensores del neo-liberalismo genocida de la globalización, es más rápido y barato traer mano de obra de allende los mares, de las viejas colonias, que fomentar la natalidad de sus gobernados o mejorar las condiciones de trabajo, en los que esos inmigrantes vienen a romperse los dientes (si no, algo peor), para ocuparlos con nacionales. De paso, eliminamos de un plumazo todo atisbo de identidad de los pueblos europeos bajo la bandera del multiculturalismo.
“… al difundir por todo el globo una cultura de tipo homogéneo, destruyen las características culturales propias de cada grupo étnico” (U. Eco).
Sin embargo, aumentamos la demanda potencial de productos no diversificados de manera que abaratamos costes de producción, permitimos economías de escala e incrementamos el beneficio, por ejemplo.
Desde un punto de vista liberal, la inmigración solo acarrea ventajas. De hecho, la inmigración es inmanente al sistema económico liberal, como el desempleo, la explotación, la especulación, la desconcentración empresarial o la globalización, por citar algunas de las lindezas del sistema.
Los otros, aun peores, los que viven de la miseria de los inmigrantes: Las ONG´s, La Iglesia, Fundaciones, etc. Esas cucarachas nauseabundas que se nutren del drama que es la inmigración al amparo de la solidaridad. Esos virus a la espalda del trabajador que se nutren del sudor de su labor, sin hablar de las bonificaciones y exenciones fiscales por obras de “solidaridad”.
Nadie pone en duda la buena voluntad de algunos miembros de ONG´s, o de la iglesia; simplemente, son como los cazadores, que creen que por su intervención salvan a ciertas especies. O mejor aun, los toreros, que afirman que ese animal, el toro, prefiere morir en la plaza, en público, luchando…
Pero que yo sepa, ningún toro ha manifestado, públicamente, esa opinión. Ridículo. ¿Por qué se ha perdido la costumbre de preguntar?.
La integración es imposible en un sistema liberal. Junto a la solidaridad y demás convenciones antinaturales (igualdad, homogeneidad, etc), la integración social es una sangrante mentira.
¿Por qué?. Porque ese pensamiento, imperialista y/o evangelizador (según los casos), depende de algo tan inhumano como es la economía.
Mientras la masa se imagina ser feliz, está dopada, henchida de placeres mundanos y alienantes, sumida en un torrente de sensaciones superficiales y determinadas, es controlable, en una palabra. Con toda facilidad, se vuelve solidaria, multicultural, integradora y demás falacias que ha creado la globalización para extender sus nauseabundas garras.
El sistema del capital tergiversa la naturaleza, diferenciada, diversa, múltiple, plural. La barniza con algo tan permeable a los cambios naturales, por convencional, como es el consumo por placer. Todo el mundo es igual, porque todo el mundo puede y debe consumir. Existen los gustos (predilecciones…) fruto de las diferencias culturales, pero eso es algo fácil de arreglar. Vendemos, primero, los valores del capitalismo. Si no los compran, los arrojamos desde un avión B-52.
Todo ello, en vano (y no por vano, inocuo) dado que las diferencias existen, lo natural es diverso, plural, diferente. Ahora bien, todo el mundo es igual, si y solo si, no se le ven las orejas al lobo… Cuando el humano siente inseguridad, miedo, dolor… es capaz de vender hasta su más preciado bien: la libertad, por no hablar de la del otro.
Mientras las cosas marchan bien, hay franceses, cuando las cosas se tuercen, surge la tercera generación de inmigrantes, de distinto grupo étnico-cultural. La diferencia existe y la integración es un espejismo, eso si, barato y bien sonante. La felicidad es tan elocuente que convierte al trabajador en un burgués capaz de votar a partidos de derechas e incluso de darle la mayoría absoluta.
Mientras las cosas van bien, todo el mundo olvida lo que es. Cuando las cosas van mal, surgen las diferencias que la convención no puede ocultar. El trabajador vuelve a estar en paro o a cobrar una miseria, el francés vuelve a ser lo que era, un inmigrante.
Porque, esa felicidad, utópica, que muestra el sistema, la ha creado el mismo, para su protección y cuando el sistema tiembla, no puede mantener el espejismo. Por los agujeros se escapa el aire. Cuando la riqueza a repartir es escasa, “tu” no eres más que un inmigrante y “tu” no eres más que un obrero. Surgen las diferencias, en un sistema liberal, también falsas. Pues las diferencias liberales no son naturales, no son fruto de la voluntad y de la evolución… lo son de la economía. Tanto tienes, tanto vales.
El futuro está en el reconocimiento de la diversidad y el derecho a la identidad de las culturas y de los pueblos, no en el genocidio de la globalización. El futuro está en el RESPETO a esa diferencia. En la pervivencia de lo plural. No en tergiversar la naturaleza para crear “homogeneidad” y masas grises que solo se sostienen mediante convenciones, sangrientas, cuando pierden sus apoyos.
Es un derecho indispensable la defensa de la identidad así como una obligación natural, tal y como dicta el instinto de preservación.
Arriaz
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Cada uno que saque sus propias conclusiones.
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LAS MEDIDAS ANTIIMIGRACIÓN DE EVO MORALES
“EVO MORALES.- Parte de nuestro proyecto de refundación de Bolivia es crear las condiciones para que los compatriotas que migraron puedan retornar a su país. Quienes se fueron lo hicieron porque parecía que no cabían en este país destruido por el neoliberalismo, que generó un masivo exilio económico y social; queremos que se incorporen a este proyecto de construcción de una nueva Bolivia que pueda contener a todos sus habitantes. Aspiramos a que, con el Plan Nacional de Desarrollo que estamos elaborando, que incluye la mecanización del agro y el apoyo a las comunidades, nuestros hermanos encuentren en Bolivia lo que buscaban y no encontraron en el extranjero. La Bolivia olvidada por el colonialismo y el neoliberalismo, los microempresarios, los comunarios, los artesanos, serán la prioridad del nuevo modelo económico que estamos implementando. Pero es un proceso, no se reconstruye un país de la noche a la mañana. Hay que cambiar las políticas económicas y recuperar e industrializar nuestros recursos naturales. Para mí los recursos naturales siguen siendo la esperanza para el pueblo boliviano.”
Solución de la que gobiernos, como los europeos, y demás grupos de poder, no quieren ni oír hablar.
Los primeros, los gobiernos, por la sencilla razón de que, como defensores del neo-liberalismo genocida de la globalización, es más rápido y barato traer mano de obra de allende los mares, de las viejas colonias, que fomentar la natalidad de sus gobernados o mejorar las condiciones de trabajo, en los que esos inmigrantes vienen a romperse los dientes (si no, algo peor), para ocuparlos con nacionales. De paso, eliminamos de un plumazo todo atisbo de identidad de los pueblos europeos bajo la bandera del multiculturalismo.
“… al difundir por todo el globo una cultura de tipo homogéneo, destruyen las características culturales propias de cada grupo étnico” (U. Eco).
Sin embargo, aumentamos la demanda potencial de productos no diversificados de manera que abaratamos costes de producción, permitimos economías de escala e incrementamos el beneficio, por ejemplo.
Desde un punto de vista liberal, la inmigración solo acarrea ventajas. De hecho, la inmigración es inmanente al sistema económico liberal, como el desempleo, la explotación, la especulación, la desconcentración empresarial o la globalización, por citar algunas de las lindezas del sistema.
Los otros, aun peores, los que viven de la miseria de los inmigrantes: Las ONG´s, La Iglesia, Fundaciones, etc. Esas cucarachas nauseabundas que se nutren del drama que es la inmigración al amparo de la solidaridad. Esos virus a la espalda del trabajador que se nutren del sudor de su labor, sin hablar de las bonificaciones y exenciones fiscales por obras de “solidaridad”.
Nadie pone en duda la buena voluntad de algunos miembros de ONG´s, o de la iglesia; simplemente, son como los cazadores, que creen que por su intervención salvan a ciertas especies. O mejor aun, los toreros, que afirman que ese animal, el toro, prefiere morir en la plaza, en público, luchando…
Pero que yo sepa, ningún toro ha manifestado, públicamente, esa opinión. Ridículo. ¿Por qué se ha perdido la costumbre de preguntar?.
La integración es imposible en un sistema liberal. Junto a la solidaridad y demás convenciones antinaturales (igualdad, homogeneidad, etc), la integración social es una sangrante mentira.
¿Por qué?. Porque ese pensamiento, imperialista y/o evangelizador (según los casos), depende de algo tan inhumano como es la economía.
Mientras la masa se imagina ser feliz, está dopada, henchida de placeres mundanos y alienantes, sumida en un torrente de sensaciones superficiales y determinadas, es controlable, en una palabra. Con toda facilidad, se vuelve solidaria, multicultural, integradora y demás falacias que ha creado la globalización para extender sus nauseabundas garras.
El sistema del capital tergiversa la naturaleza, diferenciada, diversa, múltiple, plural. La barniza con algo tan permeable a los cambios naturales, por convencional, como es el consumo por placer. Todo el mundo es igual, porque todo el mundo puede y debe consumir. Existen los gustos (predilecciones…) fruto de las diferencias culturales, pero eso es algo fácil de arreglar. Vendemos, primero, los valores del capitalismo. Si no los compran, los arrojamos desde un avión B-52.
Todo ello, en vano (y no por vano, inocuo) dado que las diferencias existen, lo natural es diverso, plural, diferente. Ahora bien, todo el mundo es igual, si y solo si, no se le ven las orejas al lobo… Cuando el humano siente inseguridad, miedo, dolor… es capaz de vender hasta su más preciado bien: la libertad, por no hablar de la del otro.
Mientras las cosas marchan bien, hay franceses, cuando las cosas se tuercen, surge la tercera generación de inmigrantes, de distinto grupo étnico-cultural. La diferencia existe y la integración es un espejismo, eso si, barato y bien sonante. La felicidad es tan elocuente que convierte al trabajador en un burgués capaz de votar a partidos de derechas e incluso de darle la mayoría absoluta.
Mientras las cosas van bien, todo el mundo olvida lo que es. Cuando las cosas van mal, surgen las diferencias que la convención no puede ocultar. El trabajador vuelve a estar en paro o a cobrar una miseria, el francés vuelve a ser lo que era, un inmigrante.
Porque, esa felicidad, utópica, que muestra el sistema, la ha creado el mismo, para su protección y cuando el sistema tiembla, no puede mantener el espejismo. Por los agujeros se escapa el aire. Cuando la riqueza a repartir es escasa, “tu” no eres más que un inmigrante y “tu” no eres más que un obrero. Surgen las diferencias, en un sistema liberal, también falsas. Pues las diferencias liberales no son naturales, no son fruto de la voluntad y de la evolución… lo son de la economía. Tanto tienes, tanto vales.
El futuro está en el reconocimiento de la diversidad y el derecho a la identidad de las culturas y de los pueblos, no en el genocidio de la globalización. El futuro está en el RESPETO a esa diferencia. En la pervivencia de lo plural. No en tergiversar la naturaleza para crear “homogeneidad” y masas grises que solo se sostienen mediante convenciones, sangrientas, cuando pierden sus apoyos.
Es un derecho indispensable la defensa de la identidad así como una obligación natural, tal y como dicta el instinto de preservación.
Arriaz
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Cada uno que saque sus propias conclusiones.
firnthirith
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