Tufillo a Segunda Enmienda
06-04-2006 21:38:44

Que las leyes son algo que permite una convivencia más o menos pacífica es algo con lo que casi todos estamos de acuerdo. Algunas leyes gustan más, y otras gustan menos... pero se aceptan en favor de un bien mayor.
Siempre, al aceptar las leyes, se parte del hecho de que se basan en cierta coherencia, en cierta lógica, y en cierto sentido común, adecuandose a las sociedades que regulan.
Pero tenemos que pensar que las sociedades evolucionan, y lamentablemente algunas leyes no lo hacen. Esto lleva a estupideces como la Segunda Enmienda norteamericana: La posesión de armas se estableció para peritir la defensa del ciudadano frente a un "ataque exterior", debido a las circunstancias del momento en cuestión... circunstancias que hoy han dejado de existir. Sin embargo la ley sigue ahí, por ridícula que resulte.
Pero como eso pasa al otro lado del charco, pues como que me da lo mismo... si se quieren matar, que se maten; por idiotas. Lo que pasa es que he encontrado un caso que si nos atañe aquí.
Cito textualmente, del libro "Copia este libro", de David Bravo Bueno:
"Los derechos de autor nacieron con la invención de la imprenta. En aquellos tiempos, el control de la expresión de las ideas era fácil porque muy pocos podían costearse los instrumentos necesarios para multiplicar las obras. Era a los que podían, a los editores, a quienes iban dirigidas estas leyes. Los ciudadanos no eran los destinatarios de las obligaciones y prohibiciones de los derechos de autor porque la posibilidad de reproducir obras intelectuales no estaba en sus manos.
Los avances tecnológicos ponen esto del revés [...] La posibilidad actual de hacer copias rápidas y baratas hace que hoy las leyes de propiedad intelectual tengan como principales destinatarios no a los editores sino a los ciudadanos."
¿No da qué pensar? Tal vez deberíamos dejar de ver la paja ajena y pensar en nuestra propia viga.
Os dejo un párrafo más de este libro, que no tiene desperdicio:
"Shakespeare no sería Shakespeare sin el dominio público y sus obras son lo que son gracias a que pudieron inspirarse sin restricciones en lo construido por otros. El autor inglés, que escribía la velocidad del rayo, hoy no podría hacerlo sin contar con abogados y una úlcera resistente. La solicitud de permisos para adaptar las obras ajenas es una tarea que sólo pueden emprender los que tienen mucho tiempo y muchísimo dinero. Lo malo no es que Shakespeare, de haber nacido hoy, no habría podido escribir lo que escribió, sino que nunca sabremos cuántos Shakespeares han dejado mudos las mismas leyes que nacieron para multiplicar su voz."
Siempre, al aceptar las leyes, se parte del hecho de que se basan en cierta coherencia, en cierta lógica, y en cierto sentido común, adecuandose a las sociedades que regulan.
Pero tenemos que pensar que las sociedades evolucionan, y lamentablemente algunas leyes no lo hacen. Esto lleva a estupideces como la Segunda Enmienda norteamericana: La posesión de armas se estableció para peritir la defensa del ciudadano frente a un "ataque exterior", debido a las circunstancias del momento en cuestión... circunstancias que hoy han dejado de existir. Sin embargo la ley sigue ahí, por ridícula que resulte.
Pero como eso pasa al otro lado del charco, pues como que me da lo mismo... si se quieren matar, que se maten; por idiotas. Lo que pasa es que he encontrado un caso que si nos atañe aquí.
Cito textualmente, del libro "Copia este libro", de David Bravo Bueno:
"Los derechos de autor nacieron con la invención de la imprenta. En aquellos tiempos, el control de la expresión de las ideas era fácil porque muy pocos podían costearse los instrumentos necesarios para multiplicar las obras. Era a los que podían, a los editores, a quienes iban dirigidas estas leyes. Los ciudadanos no eran los destinatarios de las obligaciones y prohibiciones de los derechos de autor porque la posibilidad de reproducir obras intelectuales no estaba en sus manos.
Los avances tecnológicos ponen esto del revés [...] La posibilidad actual de hacer copias rápidas y baratas hace que hoy las leyes de propiedad intelectual tengan como principales destinatarios no a los editores sino a los ciudadanos."
¿No da qué pensar? Tal vez deberíamos dejar de ver la paja ajena y pensar en nuestra propia viga.
Os dejo un párrafo más de este libro, que no tiene desperdicio:
"Shakespeare no sería Shakespeare sin el dominio público y sus obras son lo que son gracias a que pudieron inspirarse sin restricciones en lo construido por otros. El autor inglés, que escribía la velocidad del rayo, hoy no podría hacerlo sin contar con abogados y una úlcera resistente. La solicitud de permisos para adaptar las obras ajenas es una tarea que sólo pueden emprender los que tienen mucho tiempo y muchísimo dinero. Lo malo no es que Shakespeare, de haber nacido hoy, no habría podido escribir lo que escribió, sino que nunca sabremos cuántos Shakespeares han dejado mudos las mismas leyes que nacieron para multiplicar su voz."
firnthirith
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